El Bandit Grand Prix se corre sobre un circuito cerrado de 1 km, la misma calle, vuelta tras vuelta, el mismo trazado y nunca la misma carrera. Anjelica traslado esa idea a otro lugar: la cabeza de la corredora, donde una comentarista deportiva narra cada duda en voz alta, como si la carrera se retransmitiera por dentro.
La comentarista era el centro del film. Nuestro trabajo, todo lo que la rodea. El espectador tenia que sentirse como cuando llevas 8 km y la cabeza empieza a competir contigo, y para eso el mundo alrededor tenia que doblarse: dos retransmisiones del mismo momento, una desde el asfalto, otra desde la cabeza, sosteniendose a la vez y en conflicto.
El arco de 45 segundos arranca pegado a la realidad: pasos, respiracion, trafico, y una musica de fondo que suena como si saliera de sus cascos. Corte seco. Entramos al loop, en blanco y negro, y esa misma musica se eleva: pasa de fondo a primer plano, como un drop. La comentarista aparece. Aliento y zancada se sincronizan al pulso electronico hasta que, sin previo aviso, aparece un banco en el camino. La musica se corta de golpe.
Slow motion. Ella mira al banco, luego al frente. En ese vacio entran el tono pitcheado, el vertigo y el vacuum que tiran del espectador hacia dentro. Decide seguir, y el sonido remonta: vuelve el color, vuelve la ciudad, el reloj pita el final de la vuelta. Una respiracion de alivio. Bandit.